EDUCACIÓN EN LA EDAD MEDIA


El elemento novedoso, que establece la diferencia con el mundo antiguo, salta a la vista; la aparición de un componente del Estado que no existía con anterioridad: La institución de la Iglesia. Las transformaciones de la sociedad medieval, impusieron un nuevo elemento de dominio, diferenciado de lo hasta entonces conocido: El religioso.
La religión cristiana, acabó, a fin de cuentas, por convertirse en la Iglesia oficial del propio imperio. De la acumulación, monopólica pero pasiva, de tierras y riquezas monetarias, no pasó mucho tiempo para que la Iglesia comenzara una actividad financiera de gran dinamismo. Durante toda la Edad Media, los monasterios se convirtieron en poderosas instituciones bancarias de crédito rural.
En la educación monacal, a excepción de las escuelas elementales, se enseñaban tres áreas generales: Gramática, Retórica y Dialéctica, eran los pilares de la enseñanza. “…juristas doctos, secretarios prácticos y dialécticos hábiles, capaces de aconsejar a reyes y emperadores y de hacerse pagar largamente los servicios”. Eso era lo que producían las “Escuelas Externas” del monasterio”. Por su parte, los nobles destinados al ejercicio de la guerra, solían permanecer al lado de su madre hasta la edad de 7 años, pasaba a formar parte del servicio de algún señor feudal en calidad de paje. A los 14, se convertía en escudero y acompañaba al señor a la guerra, a los torneos y a las partidas de caza y, cuando rondaba los 20 años, se podía armar caballero.
El noble, además de guerrero, era terrateniente y dueño de una cantidad variable de siervos, al igual que los demás propietarios. La gran propiedad feudal, (la señorial y la monástica) no era una extensión continua y única de tierra, sino que se encontraba diseminada, en torno a las pequeñas “Villas” en que habitaban los vasallos y los siervos, lo que obligaba a los señores propietarios, a andar de lugar en lugar, consumiendo los frutos de cada uno y, desde luego, recolectando los tributos e impuestos. Hacia el siglo X, se empezó a formar una nueva clase social: La Burguesía (del alemán “Burg “burgo” (o ciudad).
En efecto, hasta esta época, las ciudades no eran más que castillos agrandados en su extensión y, sus habitantes, eran en su mayoría, artesanos y domésticos al servicio de un señor. A partir del siglo XI, sucesivas mejoras tecnológicas, aplicadas a la producción y la comercialización de una mayor diversidad de productos, permitieron acceder a una nueva etapa en el proceso de desarrollo económico y cultural, lo que, por ende, acarreó también mejoras en el ámbito social y educativo. En tanto la burguesía pudiente, triunfaba en las universidades, la pequeña burguesía invadía las escuelas elementales.
A mediados del siglo XIII, los magistrados de las ciudades comenzaron a exigir escuelas primarias subsidiadas y administrados por la ciudad. Este hecho, insignificante en apariencia, era un evidente atentado contra el control que la Iglesia ejercía en la sociedad de su tiempo: Las escuelas municipales, logran que se abandone el latín y se enseñe en la lengua materna y se le da mayor importancia al estudio del cálculo numérico y la geografía, que a la teología. Esto permitió que, un mucho mayor número de niños y jóvenes, de la pequeña burguesía, se prepararan como expertos navegantes y contadores.
Esta nueva clase social, en acelerado proceso de formación, hizo gran presión sobre la Iglesia, al ampliar el número de estudiantes y, de esta manera, logró hacer de la antigua educación elemental, una especie de antecesora de la educación técnica, al alcance de muchas más personas.
La principal consecuencia directa de esta engañosa “democratización” de la educación burguesa fue, ni más ni menos, que la llegada del Renacimiento.

 Durante el Renacimiento, la educación fue incorporando, poco a poco, los cambios impulsados por el Humanismo. La creación de la imprenta, por su parte, transformó el mundo de los lectores y de la lectura.
La educación: continuidad y cambio.
Durante el Renacimiento, la educación continuó con la estructura de la enseñanza medieval, organizada en función de las necesidades de la Iglesia de formar clérigos que debían conocer el latín.
En general, la enseñanza era semejante en todos lados: el profesor leía y comentaba un manual y se acudía muy poco a las fuentes. Luego, los alumnos se dedicaban a la discusión de los temas planteados. En una misma aula había varios profesores con distintos grupos de alumnos. Para evitar esta superposición se fue iniciando una distribución de los alumnos según su nivel de conocimiento, que con el correr del tiempo trajo como consecuencia la separación de los alumnos por edades.
Los pedagogos del Renacimiento introdujeron el griego en la enseñanza superior y sustituyeron el latín de la Iglesia por el de escritores de la época clásica, como Cicerón y Virgilio. Sin embargo, conservaron de la enseñanza en las facultades medievales de artes el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). Las facultades de artes otorgaban el título de “maestro en artes”, que permitía el ingreso a las facultades especializadas en medicina, derecho ó teología. Con el tiempo, las facultades de artes se fueron transformando en colegios, dando origen así a la enseñanza secundaria moderna. A estos colegios, cada vez más numerosos y más concurridos, asistían burgueses y algunos jóvenes pobres que trabajaban como criados -en el propio colegio ó en la casa de profesores- para poder concurrir a las clases.
Fue en estos colegios y no en las universidades donde penetraron más fácilmente las ideas del Humanismo.
Francisco Rebelais, fue un escritor satírico francés, que nació alrededor de 1495 y murió en 1553. Su obra más famosa es “Garantúa y Pantagruel”. Bajo las exageraciones de la forma y de un lenguaje harto licencioso, afluyen en esta novela una moral epicúrea, una filosofía de la naturaleza y un pensamiento netamente humanista y se combinan la exaltación de la inteligencia y de los sentidos.
A continuación, un extracto de éste libro, que habla sobre la educación de la época en cuestión:
La nueva educación, según Rabelais
“Ahora han sido restablecidas todas las disciplinas y se han instaurado las lenguas: la griega, sin la cual es vergüenza que una persona se califique de sabio, la hebrea, la caldea, la latina. Y se usan elegantes y correctas muestras del arte de imprimir inventado en mi época por inspiración divina como, por contraste, lo ha sido la artillería por sugestión diabólica. Todo el mundo está lleno de gente sabia, de preceptores muy doctos, de bibliotecas amplísimas, y, por lo que sé, no hubo en tiempos de Platón, ni de Cicerón, ni de Papiniano, tantas facilidades para el estudio como las que vemos en la actualidad. [...] Hasta las mujeres y las niñas han aspirado a ese ensalzamiento y a ese maná celestial de la buena cultura [...].
Por lo cual, hijo mío, te exhorto a que emplees tu juventud en sacar buen provecho de los estudios y de tus virtudes [...]. Entiendo y quiero que aprendas las lenguas a la perfección. En primer lugar, la griega, como quiere Quintiliano; en segundo lugar, la latina; y luego, la hebraica, por las santas escrituras; y la caldea y la arábiga de manera semejante; y que te formes tu estilo, en lo que se refiere a la lengua griega, a imitación de Platón; en cuanto a la latina, a imitación de Cicerón. Que no haya historia que no tengas presente en la memoria, para lo cual te servirá de ayuda la cosmografía de aquellos que han escrito sobre ella.
De las artes liberales, geometría, aritmética y música, ya te hice tomar algún gusto cuando eras aún pequeño, cuando tenías cinco ó seis años, prosigue pues con el resto, y de astronomía has de llegar a conocer todos los cánones. Deja de lado la astrología adivina y el arte de Lulio como abusos y vanidades. Del derecho civil, quiero que sepas de memoria los bellos textos, y que, los cotejes con la filosofía.
Respecto de los hechos de la naturaleza, quiero que te dediques a ellos cuidadosamente: que no haya mar, ni río, ni fuente cuyos peces no conozcas; has de conocer todos los pájaros del aire, todos los árboles, arbustos y frutos de los bosques, todas las hierbas de la tierra, todos los metales escondidos en el vientre de los abismos, las piedras preciosas de todo el Oriente y de los países del Sur, para que nada te sea desconocido.
Luego, revisa cuidadosamente los libros de los médicos griegos, árabes y latinos, sin despreciar a los talmudistas y los cabalistas; y, por medio de perfectas anatomías, adquiere un cabal conocimiento de ese otro mundo que es el hombre. Y durante algunas horas del día, empieza a frecuentar las santas escrituras. Primero, en griego, el Nuevo Testamento y las Epístolas de los apóstoles; y luego, en hebreo, el Antiguo Testamento. [...]”
RABELAIS.
Pantagruel, capítulo VIII.


La invención de la imprenta
Hasta el fin de la Edad Media, los libros se fabricaban uno a uno, ya que eran copiados a mano. Se trataba de un proceso lento y costoso, que no podía satisfacer la creciente demanda de textos.
La solución al problema técnico de obtener varios ejemplares iguales en menor cantidad de tiempo fue concebida hacia 1450 por el alemán Johannes Gutenberg y consistía en la utlización de tipos móviles de metal (uno para cada letra, signo de puntuación ó espacio entre letras ó entre palabras). La utilización de tipos móviles permitía componer una página completa (conocida como “forma de composición”) que se entinaba y servía para imprimir todas las hojas de papel que fueran necesarias.
Con la invención de la imprenta, el número de libros publicados aumentó espectacularmente: de algunos miles de ejemplares durante la Edad Media a 20 millones entre los años 1450 y 1500.
Los impresores del Renacimiento ocupaban un lugar central en la vida cultural de la época. Eran humanistas a la vez que hombres de negocios y tenían a su cargo todas las etapas del proceso de edición de los libros.
El espíritu de la educación durante el Renacimiento está muy bien ejemplificado en las escuelas establecidas por los educadores italianos Vittorino da Feltre y Guarino Veronese en Mantua; en sus escuelas introdujeron temas como las ciencias, la historia, la geografía, la música y la formación física. El éxito de estas iniciativas influyó en el trabajo de otros educadores y sirvió como modelo para los educadores durante más de 400 años. Entre otras personalidades que contribuyeron a la teoría educativa, sobresalió el humanista alemán Erasmo de Rotterdam, el educador alemán Johannes Sturm, el ensayista francés Michel de Montaigne y el humanista y filósofo español Luis Vives. Durante este periodo se dio una gran importancia a la cultura clásica griega y romana enseñada en las escuelas de gramática latina, que originadas en la Edad Media, llegaron a ser el modelo de la enseñanza secundaria en Europa hasta el inicio del siglo XX. De ésta época datan las primeras universidades americanas fundadas en Santo Domingo (1538), en México y en Lima (1551).
La influencia del protestantismo
Las iglesias protestantes surgidas de la Reforma promovida por Martín Lutero en el inicio del siglo XVI establecieron escuelas en las que se enseñaba a leer, escribir, nociones básicas de aritmética, el catecismo en un grado elemental, y cultura clásica, hebreo, matemáticas y ciencias, en lo que podríamos denominar enseñanza secundaria. En Suiza, otra rama del protestantismo fue creada por el teólogo y reformador francés Juan Calvino, cuya academia en Ginebra, establecida en 1559, fue un importante centro educativo. La moderna práctica del control de la educación por parte del gobierno fue diseñada por Lutero, Calvino y otros líderes religiosos y educadores de la Reforma.
La influencia de la Iglesia Católica
Los católicos también siguieron las ideas educativas del Renacimiento en las escuelas que ya dirigían ó que promocionaron como respuesta a la creciente influencia del protestantismo, dentro del espíritu de la Contrareforma. Esa síntesis se realizaba en los centros de la Compañía de Jesús, fundada por el religioso español san Ignacio de Loyola en 1540, con la aprobación del papa Pablo III. Los jesuitas, como se conoce a los miembros de la congregación, promovieron un sistema de escuelas que ha tenido un papel preponderante en el desarrollo de la educación católica en muchos países desde el siglo XVI: la llamada Ratio Studioron, que después cambiarían las escuelas Pías de san José de Calasanz.
Los jesuitas se distinguieron por su sólida disciplina y por su voto de obediencia absoluta a los superiores y, en particular, al papa. El objetivo principal de la Compañía era la enseñanza y la prédica para robustecer las creencias católicas, debilitadas por la Reforma. Con este fin realizaron también una amplia labor de evangelización, sobre todo en las tierras recién descubiertas de Asia y América.
La Revolución Científica
A fines de la Edad Media, las ideas revolucionaron hasta cuestionar el mundo aristotélico y tomista. También se buscó demostrar ó negar los principios fundamentales de la ciencia, a través de la experimentación.
A pesar de estos esfuerzos, el progreso científico debió vencer fuertes obstáculos: la filosofía estaba aún supeditada a la teología, y las universidades relegadas respecto de la Iglesia.
Expulsados del mundo de las universidades, los científicos comenzaron a recibir la protección de los reyes y los grandes burgueses. Gracias a este apoyo, en el siglo XVI comenzó un importante movimiento intelectual que, a partir de la ciencia, buscó impugnar los dogmas imperantes. Algunos personajes de este siglo fueron la base de los progresos científicos del siglo XVII, por ejemplo, el monje polaco Copérnico que postuló la idea de que el Sol y no la Tierra era el centro del Universo.
En el siglo XVII, nuevos métodos de investigación condujeron a importantes avances en el campo de la ciencia. Los tres grandes científicos del siglo XVII fueron Juan Kepler, Galileo Galilei e Isaac Newton.
  • Juan Kepler, a partir de sus tres famosas leyes, hizo una descripción precisa del movimiento de los planetas alrededor del Sol.
  • Galileo Galilei confirmó las teorías de Copérnico, avanzó los estudios sobre la caída de los cuerpos y formuló el principio de inercia.
  • Isaac Newton elaboró una teoría que permitió no solo describir sino también explicar el movimiento de los cuerpos. Newton formuló las leyes de la mecánica e ideó el cálculo infinitesimal, que posibilitó la resolución matemática de los problemas de movimiento. Con respecto al movimiento de los planetas, postuló su célebre Ley de Gravitación Universal.
La literatura en el siglo XVII
Durante el siglo XVII, entre la persistencia renacentista y el arribo de un nuevo clasicismo, se impuso el estilo barroco que adquirió características propias en cada país, pero sólo brilló en España.
Un panorama de la literatura en Europa
En Inglaterra, a comienzos del siglo, continuaban los éxitos del teatro isabelino, cuyo máximo representante fue William Shakespeare. Este gran dramaturgo renacentista, ya en sus obras de madurez, por ejemplo en Hamlet, reflejó los contrastes típicos del Barroco, que supieron explotar sus sucesores. Con la revolución de Cromwell, la producción literaria sufrió una grave crisis.
En poesía surgió el eufuismo, estilo barroco inglés, sinónimo de afectación y preciosismo.
En Italia, a diferencia de la importancia que adquirieron la pintura, la arquitectura y la escultura, no hubo obras significativas.
En Alemania, se desarrolló una literatura nacional, ligada al Barroco, sobre todo en la poesía lírica y en la narrativa, con novelas del tipo de las de la picaresca española.
En Francia, con el triunfo del absolutismo, el estado impuso sus reglas en el arte. La literatura se alejó del Barroco y se convirtió en académica e intelectual, basada en la imitación formal de los grecolatinos. En el teatro se destacaron Moliére, Racine y Corneille.
La excelencia de la literatura española se manifestó en las obras de Félix Lope de Vega. Pedro Calderón de la Barca. Luis de Góngora y Francisco Quevedo, que junto con Cervantes contribuyeron a que esa época se denominara “el siglo de oro español”.
La música
Hasta el siglo XVII, la música se componía en general para celebraciones religiosas y con el fin de acompañar el canto. Desde el Barroco comenzaron a escribirse composiciones instrumentales para grandes orquestas. El Barroco marcó también el nacimiento de los grandes géneros musicales profanos: la ópera, el ballet y la sonata.
El compositor más destacado de la época fue el italiano Antonio Vivaldi. Muchos de sus conciertos están dedicados a instrumentos solistas. Los instrumentos más utilizados en esta época fueron el clavicordio y el violín.

siglo xviii
El siglo XVIII: Rousseau y otros
Durante el siglo XVIII se estableció el sistema escolar en Prusia; en Rusia empezó la educación formal bajo Pedro el Grande y sus sucesores; también se desarrollaron escuelas y colegios universitarios en la América colonial y se implantaron reformas educativas derivadas de la Revolución Francesa. Al final del siglo se fundaron en Inglaterra las escuelas del domingo por el filántropo y periodista Robert Ralkes para beneficio de los muchachos pobres y las clases trabajadoras. Durante el mismo período se introdujo el método monitorial de enseñanza, por el que cientos de muchachos podían aprender con un profesor y la ayuda de alumnos monitores ó asistentes. Los dos planes abrieron la posibilidad de la educación de masas.
El teórico educativo más relevante del siglo XVIII fue Jean-Jacques Rousseau, nacido en Ginebra. Su influencia fue considerable tanto en Europa como en otros continentes. En “Emilio” (1762) insistió en que los alumnos debían ser tratados como adolescentes más que como adultos en miniatura y que se debe atender la personalidad individual. Entre sus propuestas concretas estaba la de enseñar a leer a una edad posterior y el estudio de la naturaleza y de la sociedad por observación directa. Sus propuestas radicales sólo eran aplicables a los niños; las niñas debían recibir una educación convencional. Su célebre aserto: “Todo es perfecto al salir de las manos del Creador y todo degenera en manos de los hombres”, y la retórica persuasiva de estos escritos provocaron comentarios burlones por parte de Voltaire, quien atacó las opiniones de Rousseau y suscitó una eterna enemistad entre ambos filósofos franceses.
Su teoría de la educación condujo a métodos de enseñanza infantil más permisivos y de mayor orientación psicológica, e influyó en el educador alemán Friedrich Fröbel, en el suizo Johann Heinrich Pestalozzi y en otros pioneros de los sistemas modernos de educación. “La nueva Eloísa” y “Confesiones” introdujeron un nuevo estilo de expresión emocional extrema, relacionado con la experiencia intensa personal y la exploración de los conflictos entre los valores morales y sensuales. A través de estos escritos, Rousseau influyó de modo decisivo en el romanticismo literario y en la filosofía del siglo XIX. Su obra esta también relacionada con la evolución de la literatura psicológica, la teoría psicoanalítica y el existencialismo del siglo XX, en particular por su insistencia en el tema del libre albedrío, su rechazo de la doctrina del pecado original y su defensa del aprendizaje a través de la experiencia más que por el análisis. Su espíritu e ideas estuvieron a medio camino entre la Ilustración del siglo XVIII, con su defensa apasionada de la razón y los derechos individuales, y el romanticismo de principios del siglo XIX, que propugnaba la experiencia subjetiva intensa frente al pensamiento racional.
Las contribuciones educativas de Rousseau se dieron en gran parte en el campo de la teoría; correspondió a muchos de sus seguidores poner sus ideas en práctica. El educador alemán Johann Basedow y otros abrieron escuelas en diferentes partes basándose en la idea de “todo según la naturaleza”.
Johann Bernhard Basedow (1724-1790), fue un reformador educativo alemán, nació en Hamburgo y estudió en la Universidad de Leipzig. Bajo las ideas del filósofo John Locke y el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, en 1774 proyectó una reforma de la educación primaria en el sistema escolar alemán. Los puntos de vista de Basedow fueron generalmente aceptados, creando en Dessau un centro de instrucción educativa que denominó Filantropino, del que él era el director. El Filantropino y otras instituciones semejantes, que fueron sucesivamente establecidas en otras ciudades, potenciaban el incremento de la calidad de enseñanza relacionando el trabajo escolar con el mundo exterior de las clases. En 1778 Basedow dimitió como director del Filantropino, que fue cerrado quince años después.
Además de los aportes culturales, los filósofos de la Ilustración ejercieron críticos de orden político, que circularon en Europa con éxito notorio.
La vida intelectual del siglo XVIII
Desde el punto de vista de la historia de las ideas, el siglo XVIII resulta de particular importancia. En buena parte de Europa se desplegó una activa vida intelectual, animada por el movimiento conocido por la Ilustración.
La acción de los ilustrados se desplegó en muchas áreas de conocimiento, incluyendo las Ciencias Naturales. Asimismo, en el seno de este movimiento se destacó un grupo de filósofos que produjeron un importante pensamiento político, aunque no constituyeron un grupo formal ni propusieron ningún programa común. Probablemente, uno de los testimonios más completos para brindar un panorama de este grupo es la Enciclopedia, publicada por Denis Diderot y Jean Le Rond, d'Alembert entre 1751 y 1772, con la participación de algunos de los filósofos más destacados.
Los “antepasados intelectuales”
Entre los filósofos ilustrados se destacan Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu (1694-1778). Francois Marie Arouet, llamado Voltaire (1694-1778) y Jean Jacques Rousseau (1712-1778).
Los planteos centrales
Los ilustrados se mostraban fuertemente críticos hacia aquellas posiciones filosóficas en las que todavía se hacían presentes con fuerza elementos que provenían del pensamiento religioso más tradicional. Al mismo tiempo, ofrecían una interpretación de la sociedad y del hombre que eludía cualquier principio teológico ó místico. La razón era la herramienta con la que, decían, contaban los hombres para comprender el mundo. Exhibían, por otra parte, un firme optimismo en el futuro del hombre, y en su posibilidad de alcanzar la felicidad.
Un pensamiento de élite
Si bien el pensamiento de los hombres de la Ilustración tenía como objetivo el bienestar de la sociedad, no estaba dirigido directamente a los sectores populares.
En busca de la realización práctica de algunas de las reformas que imaginaban, muchos filósofos no dudaron en colaborar con los monarcas. Con la influencia de los filósofos, muchos monarcas -como Carlos III de España, Federico II de Prusia y María Teresa de Austria- ejecutaron políticas de modernización económica, de apertura religiosa y de educación, aunque mantuvieron su poder absoluto.
Montesquieu
Algunas de las ideas de estos hombres tuvieron una importante difusión en su tiempo entre los que sabían leer, que no eran la mayoría. También tuvieron un fuerte impacto en la Revolución Francesa y en las luchas políticas del siglo XIX. La interpretación que de ellos tenemos en nuestros días está vinculada con su influencia en estos acontecimientos.
Del pensamiento de Montesquieu, quien en 1748 publicó “Del espíritu de las leyes”, se han focalizado sus ideas sobre la restricción del poder de la monarquía, a través de una constitución y de la división de poderes, al estilo inglés. Cuando analizaba el caso francés, Montesquieu reclamaba mayor autoridad para los que llamaba “cuerpos intermedios”, que eran instituciones dominadas por la aristocracia.
bibliografía
  • Enciclopedia Vergara, Barcelona, Editorial Vergara, 1962.
  • Gran Diccionario Salvat, Barcelona, Salvat editores,1995.
  • Enciclopedia Magister, Buenos Aires, Editorial Sopena, 1966.
  • Enciclopedia Encarta 2000, Microsoft, 2000.
  • Cattáneo, Cattaruzza, Paz y otros, Historia, Buenos Aires, Editorial Santillana, 1997.
  • Bagnoli, Cattaruzza, Paz y otros, Historia2, Buenos Aires, Editorial Santillana, 1996.
2.     San Agustín se expresa así del Educador Agustiniano:
• El Maestro Interior: "Tenemos todos un solo Maestro. Y, bajo él, so- mos todos condiscípulos. No nos constituimos en maestros por el hecho de hablar desde una cátedra. El verdadero Maestro habla desde adentro" (Serm. 134, 1, 1).

3.     Caracteres generales del Humanismo y del Renacimiento
Las relaciones entre humanismo y Renacimiento se presentan bajo el aspecto de una polémica: mientras que el humanismo se caracterizará por el retorno a la sabiduría clásica, en el marco de una preocupación fundamentalmente de signo filológico y teológico, el Renacimiento lo hará como impulsor del desarrollo de la ciencia. Así, el Renacimiento, sin renunciar a los temas básicos del humanismo, le superará, al desligar tales temas de la perspectiva teológica y enlazarlos con el pensamiento científico
a) Caracteres del humanismo


Uno de los rasgos distintivos más conocidos y destacados del humanismo es su interés por lo "antiguo", por lo clásico, interés en el que predomina el punto de vista de la investigación filológica. Este interés provoca el desarrollo de la perspectiva histórica en el acercamiento a otra cultura, por que se puede afirmar que con el humanismo se consolida la historicidad como clave del pensamiento europeo.


A diferencia de lo que ocurría en la edad media, donde el hombre era considerado fundamentalmente desde una perspectiva teológica, los humanistas valorarán el hombre desde una perspectiva mundana, no-divina, es decir, el hombre será visto como un ser natural e histórico. La religión, aparte de su función redentora, es considerada ante todo en su función civil. Así, tanto la religión como la tolerancia religiosa son instrumentos válidos para asegurar el ideal de la paz civil. La creencia en la unidad última de todas las religiones es afirmada, consecuentemente, desde esta caracterización.

b) Caracteres del Renacimiento
El ideal común de este período viene definido por la esperanza de un renacer del ser humano a una vida verdaderamente "humana", mediante el recurso a las artes, las ciencias, la investigación... poniendo de manifiesto la consideración del ser humano como ser natural, en oposición a la consideración medieval del ser humano como ser-para-Dios.

El retorno a los antiguos significa no sólo la recuperación de su obra, sino fundamentalmente el retorno al principio, a los orígenes de la vida humana, cultural, del ser humano. Volver al principio no significa volver a Dios, sino precisamente al terreno del hombre y del mundo humano. De ahí la valoración del pensamiento filosófico pre-cristiano. El retorno significa, además, una conquista. La vuelta a los orígenes, al principio, conlleva la conquista de la personalidad humana. El que este retorno se efectúa mediante las artes y las ciencias, y no mediante experiencias místicas interiores, por ejemplo, significa una búsqueda de la objetividad. En efecto, sólo la objetividad puede poner en evidencia el status original del hombre frente a la naturaleza, es decir, manifestar su origen y su condición humana.
Por lo mismo, el hombre es libre de decidir su conducta, de elegir su destino, lo que supone una exaltación de la libertad individual tanto en el orden teológico como el orden cultural y social.

4.     PROPOSITOS DE LA EDUCACIÓN MEDIEVAL: Hay otras dos características esenciales que también son importantes:
• Conservación de la cultura clásica romana y recuperación de la filosofía griega.
• Elaboración de una cultura propia de sentido cristiano
• Considerar al espíritu cristiano como una presencia viva que quiere inspirar toda la vida del hombre medieval.

LA EDUCACIÓN MONÁSTICA.
Las escuelas medievales
• Las escuelas monacales, ubicadas en los monasterios, preparaban a niños y jóvenes para la vida religiosa; constaba generalmente de dos escuelas, la escuela interior reservada a los futuros monjes, y la escuela exterior para aquellos jóvenes que deseaban ser sacerdotes.
Las escuelas a tener un momento tuvieron un signo benedictino hasta el siglo X, posteriormente fueron monjes cistercienses, cluyacenses...
La vida cultural y el intercambio de conocimientos entre unas y otras escuelas, contribuyeron a consolidar el mundo monacal, como un centro de expansión científica.
• Las escuelas episcopales o catedralicias, son posteriores en su nacimiento a la monacales, datan del siglo VIII.
Eran escuelas parroquiales que recomendaban a todos los sacerdotes.
- Las escuelas palatinas estaban regentadas por eclesiásticos, sus enseñanzas se impartían por clérigos, aunque sus alumnos no tenían que seguir necesariamente la vida sacerdotal, la más famosa fue la de la Corte de Francia.
El plan de estudios variaba muy poco de unas escuelas a otras, si bien el curriculum cambió en los diferentes periodos escolásticos, comprendían , la gramática, retórica y el cuadrivium, y hay otros que aparecen mas tardíamente, como son la dialéctica y la lógica.
El curriculum de estas escuelas que se impartía respondía generalmente a tres niveles:
• Iniciación, en el que se enseña la lectura, la escritura, algunos conocimientos elementales de lengua latía, y el inicio en textos bilblicos.
• Estudio de artes , que conformaban el trivium, gramática, retórica y dialéctica, y en menor grado el cuadrivium.
• Nivel superior, en el que se estudiaba la escritura con comentarios de orden gramatical, historico y teológico.



MARTÍN LUTERO


Martín Lutero - algo que podemos aprender de su vida
Las iglesias evangélicas dicen ser los herederos de la Reforma. Pero muchos evangélicos hoy no tienen ninguna idea de qué se trató en la Reforma. Con este estudio deseo llenar este vacío, y a la vez aplicar algunos principios de la Reforma a la situación actual.
Quiero además demostrar que Lutero, si volviera a aparecer hoy, tendría todavía que decir muchas de las mismas cosas que dijo en su tiempo - pero hoy tendría que decirlo también a las iglesias evangélicas.
El tiempo de Dios: Lutero no fue el primer Reformador. Hubo varios antes de él que enseñaban de manera parecida, y que deseaban hacer volver la iglesia a la verdad de la Palabra de Dios. Los más conocidos de ellos eran Juan Wyclif en Inglaterra (1320-1384) y Juan Hus en Bohemia (1374-1415), quien murió como mártir. Ambos pudieron juntar a algunos seguidores, pero no lograron realmente las reformas que deseaban.
¿Por qué fracasaron ellos, mientras Lutero tuvo éxito? - No creo que ellos hayan sido inferiores a Lutero. Simplemente no había llegado todavía el tiempo de Dios. Una Reforma tan amplia no sucede de la noche a la mañana. Era necesario que estos hombres, los "pre-Reformadores", preparasen el camino. En los tiempos de Lutero, toda Europa tenía mucha hambre de Dios. Sin el trabajo de los "pre-Reformadores", probablemente no hubieran tenido esta hambre, y no hubieran deseado tanto escuchar la palabra de Lutero.
Cada uno de nosotros tiene su tarea, y su lugar en la historia, asignados por Dios. Unos son llamados a sembrar, otros a regar y otros a cosechar. Unos son llamados a ser pioneros, y otros son llamados a edificar encima de lo que construyeron los pioneros. (Vea 1 Cor.3:5-13.) Los pioneros a menudo son llamados a dar hasta su vida, para que otros puedan seguir con más facilidad. Como Abraham, ellos tienen que morir en la fe "sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra" (Hebreos 11:13). Juan el Bautista preparó el camino para el Mesías, pero tuvo que morir sin ver la obra del Mesías cumplida. El pastor rumano, José Tson, escribe: "Para cada país que se abrió para el Evangelio, el precio fue muy alto. Un mensajero de Dios tuvo que derramar su sangre por aquel país, para tomarlo para Dios." ¿Se aplicará lo mismo a cada gran Reforma de la iglesia?
Un detalle interesante: En 1415, cuando Juan Hus fue condenado por el Concilio de Constanza y llevado a la hoguera, dijo proféticamente: "Ahora ustedes están quemando a este ganso viejo ("Hus" significa "ganso"), pero en cien años se levantará un cisne al cual no podrán quemar." Casi exactamente cien años después, en 1517, se desató la Reforma con las 95 tesis de Lutero.
Lutero católico
Lutero no era ningún enemigo de la iglesia. Al contrario, él era un fiel católico y quería servir a Dios según las tradiciones de la iglesia.
"Siguiendo los deseos de su padre, se inscribió en la facultad de Derecho de esa universidad. Pero todo cambió durante una tormenta eléctrica en 1505. Un rayo cayó cerca de él mientras se encontraba de regreso de una visita a la casa de sus padres. Aterrorizado, gritó: "¡Ayuda Santa Ana!, ¡Me convertiré en monje!". Salió con vida y abandonó la carrera de Derecho, vendió sus libros con excepción de los de Virgilio y entró en el monasterio agustino de Erfurt el 17 de julio de 1505" (Wikipedia)
Aunque Lutero se arrepintió de haber hecho esta promesa apresurada, sintió que estaba obligado a cumplirla, porque en respuesta a esta promesa Dios había salvado su vida en la tormenta. Más tarde vio en ello la mano de Dios en su vida, porque de esta manera Dios empezó a encaminarle hacia el estudio de las Sagradas Escrituras. Fue en el monasterio donde Lutero vio por primera vez en su vida una Biblia.
En este primer llamado de Lutero, vemos algunos aspectos que no son conformes a las Escrituras:
- Lutero no clamó a Dios por auxilio, sino a "Santa Ana".
- Para servir a Dios, no conoció otro camino que convertirse en monje.
¿Le reprocharemos por pensar de esta forma? - Tomemos en cuenta que Lutero creció como un hijo fiel de la iglesia católica romana, y no podía posiblemente haberse encontrado con alguna otra información. Solo después de haber estudiado profundamente la Biblia por sí mismo, Lutero pudo darse cuenta de sus errores. Antes de esto, él ya tenía el deseo ferviente de servir a Dios, "pero no conforme a ciencia" (Rom.10:2). Fue este deseo que Dios vio y tomó en serio; y así pudo llevar poco a poco a Lutero hacia la luz de la verdad. "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados." (Mateo 5:6).
Si después de ver la verdad, Lutero hubiera seguido sirviendo a la manera de la tradición muerta de la iglesia, allí sí tendríamos que reprocharle. Pero Lutero tuvo la valentía de actuar según la verdad que Dios le había mostrado, aun en contra de todas las tradiciones de su iglesia.
Y allí está el punto donde Dios nos desafía hoy. Si eres un "buen evangélico", probablemente deseas servir a Dios al máximo, según las tradiciones de tu iglesia: asistir a los cultos, asumir el liderazgo de algún grupo o alguna célula, ganar a nuevos miembros para tu iglesia... Si esta es tu idea, entonces eres como Lutero en su juventud: Tienes el deseo de servir a Dios, pero lo haces a la manera como los hombres te enseñaron. Todavía no estás buscando la voluntad de Dios por ti mismo.
Cuando busques a Dios por ti mismo, verás que la voluntad de Dios va más allá de la tradición de tu iglesia (no importa de qué denominación sea). Como Lutero, tendrás que abandonar la tradición de tu iglesia en algunos puntos, si quieres cumplir la voluntad completa de Dios. (Para ver algunos puntos donde las iglesias evangélicas actuales difieren de la Palabra de Dios revelada, vea "Los secretos de la iglesia temprana", y "95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas".)
Allí se decidirá si eres un verdadero "reformado": ¿Estás dispuesto a servir a Dios y hacer Su voluntad, aun cuando Su voluntad va en contra de la tradición de tu propia iglesia?
La salvación por gracia y por la fe
Desde su juventud, Lutero tenía miedo al juicio de Dios. Aunque no había cometido ningún pecado obvio, estaba muy consciente de las pequeñas faltas en palabras, pensamientos y comportamiento, que suceden en la vida diaria. El hizo muchos intentos de vencer estas malas inclinaciones, pero su conciencia seguía condenándole. A veces hasta pensaba que estaba predestinado para el infierno; porque si no fuera así, ¿seguramente Dios le permitiría vencer las tentaciones?
Su amigo Felipe Melanchthon escribe acerca de Lutero como monje joven:
"A menudo grandes terrores le asustaron repentinamente, mientras reflexionaba más intensamente acerca de la ira de Dios y los ejemplos de Sus castigos; de manera que casi se volvió loco. Y yo mismo le vi, cuando fue vencido por la tensión en cierto debate acerca de la doctrina, acostarse en la celda del lado donde repetidamente oró sobre la idea discutida y lo resumió todo bajo pecado, para ser perdonado por todo. El sentía estos terrores desde el inició, o más agudamente en aquel año porque perdió a su compañero que murió en un accidente."
"El joven Martín Lutero se dedicó por completo a la vida del monasterio, empeñándose en realizar buenas obras con el fin de complacer a Dios y servir a otros mediante la oración por sus almas. Se dedicó con mucha intensidad al ayuno, a las flagelaciones, a largas horas en oración, al peregrinaje y a la confesión constante. Cuanto más intentaba agradar a Dios, más se daba cuenta de sus pecados." (Fuente: Wikipedia)
Lutero dedicó mucho tiempo a examinar su propio corazón, y a confesar todos los pecados de ira, odio y envidia contra otras personas; pero dijo desanimado: "Cuanto más uno intenta lavar sus manos, más sucias se vuelven." Y por más que recibía absoluciones y hacía penitencias, siempre se quedó con la pregunta inquietante: ¿Quién me puede garantizar que realmente he cumplido con todas las condiciones para recibir perdón?
Así seguía buscando una respuesta a esta pregunta tan importante: ¿Cómo puede un pecador alcanzar la salvación eterna? ¿Cómo puedo alcanzar la gracia de Dios?
El verso clave en la vida de Lutero fue Romanos 1:17:
"Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá."
Según su entendimiento, "justicia de Dios" podía solo significar que Dios, en Su justicia, tenía que castigarle por sus pecados; porque él, Martín Lutero, no era justo. Se quedó intrigado por la pregunta: ¿Cómo puedo volverme justo?
En 1511, Lutero fue enviado por su orden con un encargo importante a Roma. Este viaje le dio la oportunidad de ver el centro de la iglesia católica romana con sus propios ojos. Cumplió con todos los deberes de un peregrino y visitó todos los lugares "sagrados", y esperaba de esto conseguir alivio para su alma. Subió de rodillas las "gradas de Pilato", porque el papa había prometido una absolución especial a todos los que hicieran esto. Pero mientras estaba en medio de esta penitencia, fue como si una voz del cielo le hablase estas palabras que todavía no entendía: "Mas el justo por la fe vivirá."
Todavía no encontró el perdón de Dios que buscaba. Pero le chocó la inmoralidad y corrupción que tuvo que observar en Roma. Se encontró con altos dignatarios de la iglesia que llevaban una vida inmoral y que hacían bromas acerca de las verdades de la fe. Encontró que muchos sacerdotes trataban la misa como cualquier quehacer diario, no mostraron reverencia sino al contrario la ridiculizaban. Regresó muy decepcionado; pero aun así, todavía no se atrevía a dudar de la autoridad del papa y de la jerarquía.
En 1512 recibió el doctorado y fue llamado a Wittenberg como maestro de la teología. En aquel tiempo, los teólogos sabían mucho de las obras de otros teólogos, pero poco de la Biblia. Lutero, en cambio, se dedicó completamente al estudio y la explicación de la Biblia.
Mientras estudiaba y enseñaba acerca de la carta a los Romanos, llegó finalmente a comprender las palabras "Mas el justo por la fe vivirá.": No se trataba de ser justo uno mismo, para llegar a la fe. Al contrario, la fe era lo único que era necesario para volverse justo. "Cree, y serás salvo." - "Justicia de Dios", para el que realmente cree, no es castigo; mas bien es la justicia que Dios da gratuitamente a todo aquel que cree. Este es el verdadero mensaje del evangelio, que había sido olvidado por tantos siglos, hasta que Lutero lo trajo nuevamente a la luz.
Lutero dijo acerca de este descubrimiento:
"Antes de comprender estas palabras, yo odiaba a Dios, porque él nos asustaba a nosotros pecadores por la ley y por la miseria de nuestra vida; y no suficiente con esto, todavía empeoraba nuestros tormentos por el evangelio. Pero entonces comprendí por el Espíritu de Dios las palabras: 'Mas el justo por la fe vivirá.' Entonces me sentí como nacido de nuevo, como un hombre nuevo. ¡Entré por puertas abiertas directamente al paraíso de Dios!"
Desde entonces, es una enseñanza común de las iglesias reformadas y evangélicas, que somos salvos por la fe y por la gracia de Dios. No podemos "merecer" esta gracia; no podemos hacer nada de nuestra parte para "comprarla"; solo podemos recibirla con fe y gratitud.
Pero a través de los siglos, esta enseñanza ha sido distorsionada gravemente. Hoy se enseña que "Dios no castiga"; que Dios es solo amor y pasa por alto los pecados; y que "la salvación no cuesta nada". Esta es la enseñanza que Dietrich Bonhoeffer llamó "la gracia barata":
"En esta iglesia, el mundo encuentra una cobertura barata para sus pecados - pecados de los que no se arrepiente, y de los que mucho menos desea ser liberada. Esta gracia barata es una justificación del pecado, pero no del pecador."
Observamos que esta misma doctrina - la salvación por gracia y por la fe - tuvo resultados muy diferentes en circunstancias diferentes. En la época de Lutero, esta doctrina trajo liberación, y una Reforma y purificación de la iglesia. En nuestra época, esta misma doctrina ha producido una iglesia que comete todo tipo de inmoralidad y dice: "Pero Dios en su gracia me perdonará." - ¿Por qué esta diferencia abismal?
Hemos visto en la vida de Lutero, que él estaba desesperado por encontrar la salvación. Estaba muy consciente de su pecado, y sabía que estaba perdido mientras permanecía así. El era como la gente que escuchó a Pedro en Pentecostés, y "se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?" (Hechos 2:37). El buscaba la gracia de Dios como un tesoro, porque sabía que sin esta gracia estaba perdido. Sabía que no tenía derecho a ninguna gracia de parte de Dios.
La gente de hoy cree tener un "derecho" a la gracia de Dios. Ya han escuchado toda su vida que Dios nos salva por gracia; y por eso toman esta verdad a la ligera. Ya no la ven como un tesoro que quiere ser buscado con diligencia. Quieren la gracia de Dios "inmediatamente", pero no quieren caminar por el camino que Lutero caminó. Nunca fueron conscientes de sus pecados; nunca han comprendido en lo profundo que están perdidos; y por eso nunca valoraron realmente la salvación.
En los tiempos de Lutero, casi todo el mundo estaba consciente de sus pecados. Todos sabían que necesitaban desesperadamente la salvación. (Por eso, la venta de indulgencias era un negocio tan grande.) Pero en nuestros tiempos, las conciencias están tan duras que casi nadie está consciente de su pecado; y muy pocos comprenden el significado de "arrepentimiento". (Vea: "Arrepentimiento - ¿falso o verdadero?") Hoy nos hemos olvidado de una gran verdad que era obvia para la gente del tiempo de Lutero: La gracia de Dios es solo para los arrepentidos.
De aquí podemos aprender una lección importante. Necesitamos sabiduría para saber cuál verdad bíblica aplicar en qué circunstancias y para cuáles personas. Cada verdad bíblica es una medicina para una enfermedad particular. Pero la misma medicina puede hacer daño si la damos a un paciente que tiene una enfermedad diferente. El mensaje de la gracia de Dios es la mejor medicina para un penitente arrepentido, que está subiendo de rodillas las gradas de Pilato en Roma y que tiembla ante el juicio de Dios. Lutero fue transformado por este mensaje, porque él ya estaba arrepentido y solo le faltaba la fe. Pero la gente de nuestros tiempos, en su gran mayoría, tienen una enfermedad diferente: no están conscientes de su pecado. Ellos tomarán la gracia de Dios como pretexto para seguir pecando, y nunca se arrepentirán. Ellos necesitan una medicina diferente: necesitan el mensaje de la convicción del pecado, del juicio de Dios, y del arrepentimiento.
La controversia comienza
En ese tiempo, el fraile Juan Tetzel viajaba por las regiones donde vivía Lutero, para vender indulgencias. La iglesia católica enseñaba que aun los cristianos salvos y perdonados, después de su muerte tenían que sufrir castigos en el purgatorio; y que las indulgencias tenían el poder de acortar o aliviar estos castigos. En ese tiempo, el papa necesitaba dinero para construir la basílica de San Pedro en Roma. Por eso aumentaban los esfuerzos de vender indulgencias. El propósito era, obviamente, recaudar dinero para el papa.
Tetzel y sus seguidores manipulaban a la gente, describiendo las torturas que sus padres o abuelos muertos tenían que sufrir (supuestamente) en el purgatorio, y diciendo que era una crueldad dejarlos sufrir de esta manera, si la compra de una indulgencia podría liberarles. De esta manera, aun personas muy pobres, o que tenían familiares pobres a mantener, dieron su dinero para indulgencias, en vez de atender las necesidades de sus familias.
En los años 1516 y 1517, Lutero empezó a predicar contra la venta de indulgencias. El ya había comprendido que el perdón de Dios no se puede comprar con dinero; sino que el perdón de Dios viene por el arrepentimiento y la fe. Y también se molestó por los abusos cometidos por Tetzel y sus seguidores (que ya habían causado bastante malestar entre el pueblo).
Después se decidió Lutero a ganar más publicidad, e invitó a una disputación pública sobre las indulgencias. Esta invitación la hizo en forma de "95 tesis" (=propuestas para ser discutidas), las que clavó a la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg (que servía a la vez como periódico mural de la universidad).
Lutero mismo fue sorprendido de cuán rápido estas tesis se difundieron: dentro de dos semanas ya estaban conocidas en toda Alemania. Quien se interesaba en ellas, era sobre todo el "pueblo común", la gente que sufría bajo la explotación por parte de la iglesia.
Los teólogos y líderes de la iglesia tardaron más en responder. Y su respuesta no fue la que Lutero esperaba: No se dirigían al tema de las tesis (los abusos en la venta de indulgencias); mas bien acusaron a Lutero de oponerse contra la autoridad del papa. (En realidad, en las "95 tesis" él todavía no cuestionaba de ninguna manera la autoridad del papa. Solo declaraba que la gracia de Dios en el evangelio era muy superior a las indulgencias del papa.) Su opositor más prominente, un cierto doctor Eck, dijo que Lutero enseñaba igual como Juan Hus (que había sido condenado por el Concilio de Constanza), y que por tanto Lutero era un hereje.
Esto fue conocido en Roma, y durante los años siguientes, Lutero tuvo que enfrentarse varias veces con teólogos enviados por el papa. Estos enviados tenían una sola intención: conseguir que Lutero se retractase de sus escritos. En ningún momento estaban interesados en una discusión abierta.
Lutero estaba convencido de que las acusaciones en su contra eran un error. El todavía no dudaba de la integridad del papa mismo. Aunque algunos de los enviados del papa actuaban de manera abusiva, y la corte de Roma estaba sumamente corrompida, Lutero suponía que el papa no aprobaba este comportamiento. Todavía en 1520, él se dirigió al papa con estas palabras:
"Por tanto, excelentísimo Leo, le imploro a aceptar mi defensa, hecha en esta carta, y a dejarse convencer de que yo nunca he pensado algo malo acerca de su persona; y que deseo que la bendición eterna sea la parte suya ...
Pero de esto me indigné, que el pueblo de Cristo sea engañado bajo el nombre de Ud. y bajo el pretexto de la iglesia de Roma ... Mientras Ud, Leo, está sentado como un cordero, como Daniel en medio de los leones ... ¿Qué oposición puede Ud. solo hacer contra estos males monstruosos? ... Siempre me entristecí de que Ud, excelentísimo Leo, que hubiera merecido una época mejor, fue hecho pontífice en estos tiempos. Pues la corte romana no es digna de Ud... Vea Ud, Leo, mi padre, con qué propósito me he precipitado contra esta sede de pestilencia (la corte de Roma). Estoy tan lejos de sentir alguna ira contra su persona, que incluso esperé ganar el favor de Ud., y ayudarle en su bienestar, al golpear vigorosamente esta prisión suya... Quizás estoy desvergonzadamente audaz al intentar enseñar a una cabeza tan grande como Ud, por quien todos los hombres deberían ser enseñados, y de quien los tronos de los jueces reciben su sentencia; pero estoy imitando a San Bernardo en su libro 'Consideraciones' dirigido al (papa) Eugenio, un libro que cada pontífice debería conocer de memoria. ..."
En respuesta, el papa excomulgó a Lutero. Parece que solo entonces comprendió Lutero que aun el papa mismo, junto con los demás líderes, aprobaba y promovía la corrupción dentro de la iglesia.
La enseñanza que sacamos de esta historia, es triste: Cuando aparece corrupción en la iglesia, las cosas nunca son tan malas como parecen - ¡son peores todavía! Apelar a autoridades superiores raras veces trae resultados. Casi siempre, las autoridades superiores ya se han puesto de acuerdo con las inferiores, y están de acuerdo con sus abusos. "Maldito el varón que confía en el hombre" (por más que sea el líder máximo de una iglesia) "y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová." (Jeremías 17:5)
Pero miremos desde más cerca algunos puntos de la controversia.
¿La Biblia o la tradición de la iglesia?
Uno de los enviados del papa, el cardenal Cayetano, demostró a Lutero que una de sus tesis contradecía un decreto del papa Clemente VI, de 1343. Lutero contestó que la Biblia tenía primacia sobre todos los decretos, a lo que Cayetano repuso que el papa estaba por encima de los concilios y de la Escritura. "Yo niego que esté por encima de la Escritura.", respondió Lutero. A partir de ahí se terminó el encuentro.
En otro debate, Lutero dijo que muchas de las opiniones de Juan Hus eran totalmente correctas. Luego ¿se equivocó el concilio que lo condenó?, preguntó Eck, a lo que Lutero contestó que los concilios pueden equivocarse. Esta fue una razón para declarar que Lutero era un hereje.
(Según "Martín Lutero", en 
http://www.proel.org)
Aquí tenemos uno de los asuntos más importantes de la Reforma: ¿Cuál es la autoridad máxima de la iglesia: la Biblia o la tradición?
Si creemos que la Biblia es inspirada por Dios y sin error, entonces la respuesta debe ser clara. En la Biblia tenemos la enseñanza infalible de Jesucristo y de Sus apóstoles. Nadie más puede reclamar la misma inspiración divina como los apóstoles encargados por Jesús mismo. Entonces, si un líder humano contradice lo que dice la Biblia, siempre debemos poner la Biblia en primer lugar. Es el logro más importante de la Reforma, haber llevado a la iglesia de regreso a la Palabra de Dios.
Pero en las iglesias evangélicas actuales, las cosas ya no son tan claras. De hecho, estamos nuevamente en la situación de antes de la Reforma - solo que hoy en día, las iglesias evangélicas están en la misma posición como la iglesia católica. - ¿Es exagerado decir esto? Cierto, no celebramos la misa romana y no adoramos a estatuas. Pero las preguntas de fondo son las mismas como en los tiempos de Lutero:
1. ¿El cristiano tiene que arrepentirse de su pecado, o puede "comprarse" el perdón de alguna manera externa?
En sus "95 tesis", Lutero aclaró que Dios busca un verdadero arrepentimiento del corazón; no solo una "penitencia" externa. Las primeras tres de sus tesis dicen:
"1. Nuestro Señor y Maestro Jesucristo, cuando dijo 'Arrepiéntanse' (en la traducción católica latina: 'Hagan penitencia'), quiso que la vida entera del creyente sea arrepentimiento.
2. Esta palabra no puede entenderse como penitencia sacramental, o sea confesión y satisfacción, que es administrada por los sacerdotes.
3. Pero tampoco significa solamente un arrepentimiento interior. No hay arrepentimiento interior que no obre también exteriormente diversas mortificaciones de la carne."
Hoy tenemos nuevamente el mismo asunto, pero en las iglesias evangélicas. Cierto, las iglesias evangélicas no venden indulgencias. Pero ofrecen una "gracia barata", una "salvación" por medio de una "oración de entrega", sin importar si hay un verdadero arrepentimiento o no. (Vea: "Arrepentimiento - ¿falso o verdadero?") El nuevo creyente paga por su "indulgencia" más tarde, cuando es puesto bajo la ley de los "diezmos y ofrendas".
2. ¿Cuál es la autoridad sobre la vida del cristiano: la tradición de la iglesia, o la Palabra de Dios?
Cierto, las iglesias evangélicas no tienen papa. Pero muchos de sus pastores y líderes se comportan como pequeños papas: Cuando alguien intenta corregirles desde la palabra de Dios, le califican de "rebelde" y buscan una manera de callarle o desacreditarle. (Lo experimenté yo mismo varias veces.) Pero no se les ocurre escudriñar las Escrituras para ver si las críticas son acertadas.
En muchas iglesias, su orden del culto, sus reglamentos y estatutos, su estilo de adoración, son más "sagrados" que las Escrituras mismas.
Y además, muchas iglesias evangélicas han dado lugar a una teología que duda de la inspiración divina de la Biblia. Esta "teología crítica" está siendo difundida por organizaciones tan poderosas como las Sociedades Bíblicas. (Vea "Infiltración", Parte 3: "La teología crítica de la Biblia".)
3. ¿Se puede discutir abiertamente sobre estos asuntos, o la iglesia los hará callar con medidas de fuerza?
Hemos visto que los líderes católicos siempre se opusieron a un debate abierto, público, con Lutero. Prefirieron enfrentarse con él en privado, y esto no para darle la oportunidad de explicarse, sino solamente para obligarle a retractarse. Cuando esto no resultó, le excomulgaron, y finalmente le persiguieron políticamente.
Felipe Melanchthon escribe acerca de esta manera de actuar:
"Sabemos que los hombres políticos detestan todos los cambios; y admitimos que aun cuando una revolución es impulsada por las causas más justas, siempre hay algo malo que lamentar en este triste desorden de la vida humana. Sin embargo, en la Iglesia es necesario preferir el mandamiento de Dios por encima de todas las cosas humanas. ... Por tanto, fue el deber de Lutero... reprender los errores destructivos; ... y fue el deber de sus oyentes, consentir con aquel que enseñaba correctamente. Aunque hay mucha incomodidad en una revolución, como lo vemos con gran tristeza; la culpa es de aquellos que en el comienzo repartieron los errores, y de los que ahora defienden estos errores con un odio diabólico."
También en este punto, las iglesias evangélicas ya no difieren mucho de la iglesia católica. Varios líderes evangélicos querían prohibirme repartir mis escritos totalmente bíblicos, pero sin poder darme un solo argumento bíblico en contra. (La verdadera razón era que veían afectadas las "sagradas tradiciones" de su denominación, y la "autoridad" de su institución. ¿¿Qué autoridad, si no pueden fundamentarse en la Biblia??) - He escuchado un buen número de testimonios de otros hermanos en diferentes partes del mundo, que experimentaron cosas similares.
Realmente, hemos vuelto a los tiempos de la inquisición, donde se establecen índices de "libros prohibidos" (especialmente aquellos que están fundamentados en la Palabra de Dios), y los autores de tales libros son amenazados para que se callen. Solamente que los que hacen esto hoy, son las iglesias evangélicas.
Desafortunadamente, tenemos que aplicar hoy a muchas iglesias evangélicas lo que Lutero escribió acerca del papado:
"Que quede bien claro: ni el papa, ni los obispos, ni hombre alguno tienen derecho a someter al cristiano a la ley ni de una sílaba si no media el consentimiento de éste. Es tiránica cualquiera otra forma de actuar. ... Ahora bien, el sujetarse a estas leyes y ordenanzas tiránicas es lo mismo que adscribirse a la servidumbre de los hombres.
Colaboran en la implantación de esta impía y perdida tiranía los discípulos del papa, al retorcer y depravar las palabras de Cristo: «El que os escucha a vosotros a mí me escucha» . Con sus bocas enormes hinchan estas palabras para aplicarlas a sus tradiciones; y resulta que, sin aludir para nada al evangelio, adaptan las citadas palabras sólo a sus fábulas, cuando la realidad es que Cristo las dirigió a sus apóstoles cuando marchaban a predicar el evangelio y que sólo al evangelio pueden referirse. ... Por tanto, nadie está sometido a las tradiciones del pontífice; no hay siquiera que escucharle, a no ser cuando predica el evangelio y a Cristo ... Por último, donde hay fe verdadera es imprescindible que se dé también la palabra de la fe; ¿por qué, entonces, el papa no escucha de vez en cuando a algún siervo fiel suyo que posee la palabra de la fe? Ceguedad, sólo ceguedad es la que reina entre los pontífices.
... Lo que persiguen es aherrojar la conciencia de nuestra libertad de tal modo, que nos creamos que están obrando bien, que no podemos criticarlos ni quejarnos por estas iniquidades. Son lobos y pretenden aparecer como pastores; son anticristos y anhelan que se les rinda culto de pleitesía como si fueran Cristo.
... A los cristianos no les pueden imponer leyes en justicia hombres ni ángeles, a no ser en la medida en que los mismos cristianos lo deseen; estamos totalmente liberados. ... Por eso dirijo mi acusación contra el papa y contra todos los papistas, y les digo que si no retiran sus cánones y sus tradiciones, si no restituyen a las iglesias de Cristo su libertad, si no hacen que esta libertad se proclame, se están haciendo reos de la perdición de todas las almas que perecen en este cautiverio miserable y el papado no será más que el reino de Babilonia y del verdadero anticristo."
(Martín Lutero, "La cautividad babilónica de la iglesia", 1520)
Atado en la conciencia
En 1521, después de ser excomulgado, Lutero fue citado a presentarse ante el emperador en la Dieta de Worms. (Dieta = Asamblea de todos los estados de Alemania.) Allí fue exhortado públicamente a retractarse de sus escritos. La respuesta de Lutero:
"Que se me convenza mediante testimonios de la Escritura y claros argumentos de la razón - porque no le creo ni al Papa ni a los concilios solos, ya que está demostrado que a menudo han errado, contradiciéndose a sí mismos - por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, estoy sometido a mi conciencia y ligado a la palabra de Dios. Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable. No puedo hacer otra cosa; esta es mi postura. ¡Que Dios me ayude!"
Entonces, los adversarios de Lutero mostraron sus colores verdaderos: Se negaron tajantemente a debatir sobre la base de las Sagradas Escrituras:
"Sin embargo, Ud. reaviva lo que el Concilio universal de Constanza, reunido de la entera nación alemana, condenó; y Ud. quiere ser convencido por las Escrituras, en las que Ud. se apoya violentamente. ... El hecho es, que si Ud. prevalece en este punto, de que cualquiera que contradiga los Concilios y las ideas de la Iglesia tuviera que ser refutado por las Escrituras, entonces ya no tendríamos nada seguro o fijo en la cristiandad."
En la iglesia romana no existía la libertad de la conciencia. Todos tenían que creer lo que la iglesia creía. Todos tenían que llamar bueno lo que la iglesia llamaba bueno, y llamar malo lo que la iglesia llamaba malo - aún si la Biblia decía lo contrario. Todos tenían que someter sus conciencias a la iglesia (no a la Palabra de Dios).
Lutero hizo una impresión tremenda con su audacia. En la iglesia romana, nadie antes de él se había atrevido a seguir solo la Biblia y su conciencia - y a proclamarlo públicamente. Este fue el comienzo de la libertad de la conciencia.
Pero cada institución humana, después de algún tiempo, empieza a desarrollar una "vida propia". Las iglesias no escapan de esta tendencia. Después de algún tiempo, de repente "la reputación de la institución" se vuelve más importante que la reputación de Dios. Un "pecado contra la institución" es castigado con severidad, mientras se encubren los verdaderos pecados que se cometen dentro de la institución (especialmente los pecados de los líderes).
John Taylor Gatto escribe:
"La moral de una institución consiste siempre en [nada más que] relaciones públicas. Una vez que se ha construido una maquinería institucional de un tamaño y una complejidad suficiente, comienza un movimiento lógico para eliminar todos los mandamientos éticos.
... La misión primaria de todos los gerentes institucionales es hacer que su institución crezca en poder, en números, en recompensas para los líderes claves... La misión primaria nunca es la que se anuncia públicamente. Podemos hablar de burocracias asignadas para hacer guerra, para entregar correo, o para educar niños; no hay diferencia."
Esto es lo que sucedió con la iglesia católica antes de Lutero. Pero esto mismo está sucediendo también con las iglesias evangélicas del presente. No pensemos que somos mejores, tan solo por ser "herederos de la Reforma". Hoy en día falta mucho para que los creyentes evangélicos sean nuevamente libres, atados en sus conciencias solo a Dios y las Escrituras (pero no a una institución), como lo era Lutero.
Comprueba tú mismo: Si un miembro de una iglesia tiene que contradecir a su pastor, por razones de conciencia bíblica, ¿cómo lo tratan? ¿Lo discriminan como "rebelde", o escuchan abiertamente sus razones y respetan su conciencia? - Si un miembro de una iglesia decide, por razones de conciencia bíblica, abandonar su iglesia y congregarse con otra, ¿cómo lo tratan? ¿Lo ven casi como a un apóstata, o respetan su conciencia?
¿Quién dividió la iglesia?
Hasta hoy, la iglesia católica sigue acusando a Lutero y a los protestantes, de "haber dividido la única iglesia de Cristo". Ya hemos visto que esta no era la intención de Lutero. Hemos visto también como Lutero, aun después de ser acusado injustamente, todavía se dirigió al papa de manera respetuosa, esperando su comprensión. Lutero no se separó de la iglesia católica; el papa le expulsó. Entonces, la verdad histórica es que no fue Lutero, sino el papa, quien dividió la iglesia.
Sin embargo, la misma acusación han tenido que escuchar casi todos los predicadores y líderes de avivamiento, desde Lutero por Wesley y Booth y hasta los predicadores actuales de avivamiento: "¡Eres divisivo!" - "¡Eres un fanático!" - "¡Eres demasiado radical!" - "¡Estás causando conflicto!"
A la iglesia tibia nunca le gustó la prédica de la verdad bíblica completa. La iglesia tibia siempre ha tratado de desacreditar, o expulsar, a los predicadores radicales de la verdad. Y tristemente, aun las iglesias avivadas, después de dos o tres generaciones se volvieron tibias nuevamente. Esto es lo que sucede hoy mismo.
También en este aspecto, no pensemos que somos mejores que la iglesia romana, tan solo por ser herederos de la Reforma.
La Biblia en el idioma del pueblo
Después de la Dieta de Worms, Lutero fue proscrito por el emperador. Esto significaba que cualquiera que le encontraba, le podía matar sin temer nada. Esta fue prácticamente la sentencia de muerte para Lutero.
En su viaje de regreso de Worms, Lutero desapareció misteriosamente. Hubo rumores de que había sido secuestrado y muerto. (Esto había sucedido anteriormente con otros "herejes" excomulgados de la iglesia.)
Felizmente, la verdad fue otra. El príncipe Federico de Sajonia era un amigo de Lutero, y había escuchado acerca de la proscripción. Entonces decidió actuar para proteger la vida de Lutero. Dio orden a unos soldados a secuestrar a Lutero y llevarle a su castillo de Wartburg. Allí mantuvo escondido a Lutero por un año.
Este es otro ejemplo como Dios intervino en Su tiempo, para asegurar el éxito de la Reforma. Sin esta intervención, Lutero hubiera terminado igual que Hus.
El tiempo en Wartburg no fue perdido para Lutero. Trabajaba diligentemente para traducir el Nuevo Testamento a su idioma alemán. El sabía que el pueblo necesitaba la Biblia para poder opinar correctamente en asuntos de la fe. Hasta entonces, solamente los sacerdotes y monjes tenían acceso a la Biblia, y solo en latín. El "pueblo común" no tenía manera de saber qué decía la Biblia realmente; tenían que creer ciegamente lo que los sacerdotes les enseñaban.
Por eso, la traducción de la Biblia era tan importante: Ahora la gente misma podía leer la Palabra de Dios y sacar sus propias conclusiones. La traducción de la Biblia hizo mucho para avanzar la Reforma. Al leer la Biblia, mucha gente se dio cuenta de que realmente Lutero tenía la razón, y que su condenación era injusta.
¿Cómo es la situación hoy? La Biblia está traducida en los idiomas más importantes del mundo. En muchos países hay libertad para leer la Biblia, y se pueden comprar y vender Biblias libremente. ¿Estamos valorando este privilegio? - Temo que no. ¿Cuántos evangélicos leen en su Biblia por su propia cuenta? ¿Cuántos evangélicos usan la Palabra de Dios para examinar las prédicas que escuchan, según Hechos 17:11 y 1 Tes.5:21 ?
En los tiempos de Lutero, los cristianos no podían juzgar la doctrina de la iglesia porque no tenían acceso a la Biblia. Hoy en día tienen la Biblia, pero no la usan. La mayoría abandonó su juicio propio en escudriñar las Escrituras. Por eso, aunque tenemos Biblias en nuestro idioma, estamos volviendo a la situación antes de Lutero: Creemos ciegamente en las tradiciones y dictados de la iglesia, sin examinarlos a la luz de las Escrituras. En muchas iglesias se pone mucho más énfasis en "obedecer al pastor", que en leer y escudriñar la Biblia por uno mismo. Por eso están nuevamente entrando muchos errores en las iglesias, y se llama a lo bueno malo y a lo malo bueno.
¡Aprovechemos al máximo la libertad de leer la Biblia, mientras la tengamos todavía!
Los extremistas
Mientras Lutero estaba ausente, la Reforma continuaba en muchas partes de Alemania. Pero en algunos lugares, sus líderes cayeron en extremos. Un grupo que se llamaba "los profetas de Zwickau", declaraba que al recibir revelaciones directas de Dios, la Biblia ya no era necesaria. (Esto en contra de 1 Cor.14:29 y 1 Tes.5:20-21, que toda profecía o revelación debe ser examinada.)
Bajo su influencia, sucedieron incidentes violentos contra sacerdotes y monjes en varios lugares. El desorden fue tal que Lutero se vio obligado a salir de su escondite, para poner las cosas en orden (sin tomar en cuenta el peligro que corría su propia vida).
Una de las "revelaciones" de estos "profetas" decía que el pueblo debía levantarse en armas contra las autoridades de la iglesia y del estado. En varias partes de Alemania, los campesinos ya estaban muy descontentos y pensaban en una revolución. Con estas "revelaciones" se vieron animados en sus intenciones, y se desató una guerra civil durante dos años.
Con estos desórdenes, la Reforma fue desprestigiada (aunque Lutero mismo nunca había hablado a favor de una revolución política). Lutero era radical, pero no extremo. Pero como se ha dicho: "Cuando el diablo no puede detener un avivamiento, intentará desprestigiarlo, llevándolo a un extremo."
Este peligro no se da al inicio de un avivamiento, pero cuando está avanzado. A medida que crece la corriente de renovación, se unirán a ella muchas personas que ya no tienen las mismas intenciones puras como los reformadores del inicio. Un reformador o líder de avivamiento tiene que mantener un equilibrio muy delicado: Por un lado, tiene que defender y avanzar la verdad Bíblica de manera firme y radical, en contra de todas las tradiciones. Pero por el otro lado, tiene que saber frenar todos los extremos que van más allá de la Palabra de Dios. Es como una guerra entre dos frentes: los tradicionalistas por un lado, y los extremistas por el otro lado.
En esta etapa, a veces, aun los observadores bien intencionados rechazan el avivamiento por causa de los excesos que observan. (Por estas razones, por ejemplo, muchos evangélicos rechazaron el movimiento pentecostal en el pasado, y algunos lo siguen rechazando hasta hoy.) Pero siempre tenemos que distinguir entre lo que es realmente la esencia del avivamiento, y lo que son excesos y extremos. Los excesos no son una razón para descartar el avivamiento entero.
La Reforma vence en Alemania
Lutero manejaba estas dificultades no de manera perfecta, pero bastante bien. La Reforma seguía avanzando, hasta que la mayor parte de Alemania estaba en su favor. Se realizaron muchos cambios en la enseñanza y la estructura de la iglesia - una tarea grande y difícil. Todo esto, mientras Lutero todavía estaba proscrito y sus enemigos hacían muchos intentos de hacer cumplir el Edicto de Worms que debía darle muerte. Además, Lutero tuvo que observar que la mayoría de la gente todavía no eran cristianos verdaderos (por más que eran simpatizantes de la Reforma).
En 1526, la Dieta de Espira decidió que el Edicto de Worms no debía imponerse; o sea, protegió la vida de Lutero. Además, se decidió que los príncipes de cada estado estaban libres para decidir acerca de la religión de su estado. Muchos estados se volvieron reformados.
Pero en 1529, bajo la influencia de los católicos, la Segunda Dieta de Espira intentó anular las decisiones de 1526. Ante esto, los reformados presentaron una "Protesta" formal, declarando que las decisiones de la dieta podrían anularse solamente con la unanimidad de todos los estados. Desde entonces, a los reformados se les llama también "protestantes".
Durante muchos años, la Reforma se extendía en medio de conflictos políticos. En la Guerra de Esmalcalda (1547-1552), el emperador atacó a los estados reformados; pero los reformados vencieron, y en 1555 fueron finalmente reconocidos por el emperador.
En medio de estas luchas, el mismo Lutero "luchaba" sobre todo por medio de la oración. Durante la Dieta de Augsburgo (1530) se discutió sobre el reconocimiento de los reformados en el imperio. Lutero mismo no pudo asistir porque el emperador no tenía simpatía hacia él, y su vida todavía corría peligro. Se quedó refugiado en un castillo donde oraba todo el tiempo que duraba la Dieta, muchas veces en ayuno, y mantenía contacto con los delegados reformados.
En otra oportunidad, Lutero comentó: "Hoy tengo tanto trabajo que primero tendré que orar por tres horas." - Amigos de Lutero dijeron que él oraba tres horas todos los días. Mientras se sentía obligado por sus votos monásticos, estas eran sobre todo las oraciones litúrgicas prescritas por su orden. Pero después empezó a dar más y más tiempo para la conversación personal con Dios.
Vemos en estos sucesos que una Reforma puede a veces alcanzar dimensiones políticas, y causar conflictos políticos. Pero cuando esto suceda, es tanto más importante recordarse que en el fondo se trata de asuntos espirituales, y que la victoria se gana con medios espirituales.
Errores de Lutero
Algunos autores tratan de desacreditar la Reforma, señalando los errores personales de Lutero. Es cierto que Lutero tenía algunos defectos en su carácter. Tenía un temperamento bastante impulsivo, un "carácter fuerte". Aun en sus escritos polémicos usa a veces un lenguaje torpe y casi grosero, insultando a sus adversarios. - Es también sabido que Lutero odiaba a los judíos (después de unos intentos fracasados de convertirlos), y se excedió demasiado al escribir contra ellos.
- Ahora, ¿anula esto la obra de Lutero?
Dios es soberano en la elección de Sus instrumentos en la tierra. El ha usado a un engañador (Jacob), un asesino (Moisés), y un perseguidor de la iglesia (Saulo=Pablo). El apóstol Pedro tenía también una personalidad muy impulsiva y ambiciosa. Pero todos estos hombres se entregaron completamente en las manos de Dios, se dejaron moldear por El, y así El los pudo usar. Lutero también estaba consciente de sus defectos y se humillaba ante Dios por ellos. (Supongo que de otro modo hubiera sido mucho más torpe y grosero de lo que era.)
Dios sabe exactamente cuál temperamento es necesario para cada una de las tareas que El reparte en la tierra. En cuanto al "carácter fuerte" de Lutero, uno persona menos "obstinada" no hubiera soportado las tremendas luchas y conflictos en su vida. La misma calidad que es una "debilidad" en ciertas situaciones, se convierte en punto fuerte en otras situaciones. No era posible llevar la Reforma a su victoria, sin la "obstinación" que caracterizaba a Lutero.
En cuanto a su postura contra los judíos, no hay excusa. Fue un grave error y punto. Pero estoy convencido de si hubiera existido alguna persona con menos errores y más idónea para llevar a cabo la Reforma, Dios hubiera usado a esa persona en vez de Lutero. Parece que no existía persona más idónea.
¿La enseñanza?
- Si tienes defectos en tu carácter, no te desanimes por ello. Dios te puede usar así, si es que te entregas completamente en Sus manos para ser moldeado y corregido por El. Incluso, algunas de tus "debilidades" podrían en realidad ser los puntos fuertes que Dios necesita para que cumplas una tarea específica.
- Si Dios te usa, no te enorgullezcas por ello. Esto todavía no es prueba de que eres "perfecto" o que tu carácter es mejor que el de otros. Siempre tienes necesidad de examinarte ante Dios, y dejar que El te corrija y moldee.
- Si ves ciertos defectos en un hombre de Dios, no le descartes completamente por ello. Pregúntate primero si se trata realmente de pecados, o simplemente de un temperamento diferente del tuyo. Lo que te choca en esa persona, podrían ser exactamente los rasgos que Dios buscó para cumplir la tarea que tenía en mente. Por el otro lado, si se trata realmente de pecados, háblale abiertamente de ello según Mateo 18:15-17. Si es un verdadero hombre de Dios, va a escucharte y estar dispuesto a ser corregido desde las Escrituras.
La Reforma inconclusa
La Reforma logró muchos cambios en la iglesia. Pero aun las iglesias reformadas seguían todavía en muchas prácticas no bíblicas. Por ejemplo, seguían bautizando a los bebés pequeños como lo hace la iglesia católica; no vieron que solo los convertidos pueden ser bautizados. También seguían persiguiendo políticamente a aquellos que consideraban herejes (por ejemplo a los anabaptistas).
Lutero había enseñado acerca del "sacerdocio de todos los creyentes": que cada cristiano tiene acceso directo a Dios y puede "ministrar" a sus hermanos. (Por ejemplo, dijo que cada creyente puede escuchar la confesión del pecado de otro creyente.) Pero él no puso esta verdad en práctica: en realidad, aun en las iglesias reformadas, el pastor es el único que realmente puede "ministrar".
En todos estos puntos (y varios otros), la Reforma no logró practicar toda la verdad bíblica. El mismo Lutero estaba consciente de que la Reforma no estaba completa. Uno de sus dichos conocidos es: "La iglesia debe siempre estar reformándose".
Entonces, seguir el ejemplo de los reformadores no significa hacer todo exactamente como ellos lo hicieron. Ellos tenían muchos errores. Pero ellos establecieron el principio más importante: La máxima autoridad en la iglesia es la Palabra de Dios.
Entonces, seguir el ejemplo de los reformadores significaría, acercarnos cada vez más al modelo de la iglesia que encontramos en la Biblia. No nos quedemos con las tradiciones de la Reforma (o de nuestra propia iglesia); ¡sigamos reformándonos según la verdad de la Palabra de Dios!